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La miastenia
grave es una enfermedad autoinmune, de etiología no conocida, que afecta
la unión neuromuscular. Clínicamente se caracteriza por la aparición de
debilidad muscular tras una actividad prolongada, con tendencia a la
recuperación después de un período de inactividad o con la administración
de fármacos anticolinesterásicos. El mecanismo
patogénico consiste en la destrucción específica de los receptores de
acetilcolina de la membrana postsináptica de la placa motora mediada por anticuerpos.
El tratamiento inmunomodulador que se realiza actualmente en la miastenia ha cambiado
su pronóstico, que raramente es ahora grave o
fatal.
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La M.G. es poco
frecuente, afectando a todas las razas por igual. La incidencia de nuevos casos
es de 2 a 5 pacientes por millón por año y su prevalencia aproximada es de 50-120 enfermos por cada millón de
habitantes. La
relación mujer: varón es en general de 2:1; en edades tempranas de la
vida es de 4:1, igualándose en la vejez.
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Los pacientes con miastenia
grave presentan fatigabilidad muscular de los músculos voluntarios craneales o
de las extremidades, que es variable y en general peor al anochecer. La fuerza
muscular varía de un día a otro, incluso de un momento a otro, siempre en
relación con el ejercicio efectuado. Tras el reposo, los pacientes recuperan
total o parcialmente la fuerza muscular, al igual que tras la administración de
fármacos anticolinesterásicos. Las manifestaciones clínicas se localizan
sobre todo en la musculatura ocular extrínseca, con diplopia y ptosis
palpebral, generalmente asimétricas y cambiantes. Hasta un 90% de pacientes
presentan a lo largo de la enfermedad síntomas oculares. La debilidad y
fatigabilidad de los músculos bulbares produce voz nasal, disartria y disfagia.
En las extremidades, se afectan con mayor frecuencia los proximales que los
distales. Puede afectar la musculatura respiratoria produciendo disnea y en
algunos casos crisis respiratoria aguda.
La exploración clínica ha de
demostrar la debilidad muscular tras el ejercicio y esto se realiza mediante la
repetición de un movimiento un número elevado de veces, como por ejemplo
flexionar el cuello o elevar los brazos.
Clasificación :
Según la evolución clínica y la respuesta a los tratamientos utilizados, se ha realizado una clasificación de las diferentes
formas o estadios clínicos en los pacientes miasténicos. La más empleada es
la de Osserman de 1958, modificada en 1971, que clasifica a los pacientes en
cuatro estadios:
Estadio I. Miastenia ocular (20%). Durante los 2 primeros años, el
riesgo de desarrollar una miastenia generalizada es del 60%.
Estadio IIa. Miastenia generalizada "leve"; progresión
lenta, sin crisis y con buena respuesta farmacológica (30%).
Estadio IIb. Miastenia generalizada "moderada" con afectación
de la musculatura bulbar, aunque sin crisis. Tratamiento farmacológico menos
eficaz (20%).
Estadio III. Miastenia aguda de curso fulminante, con progresión rápida
de la sintomatología y respuesta pobre a los fármacos. Crisis de insuficiencia
respiratoria y alta incidencia de timoma, mayor riesgo de mortalidad. (11%).
Estadio IV. Miastenia grave de aparición tardía, con comportamiento
similar al estadio III. Cierto riesgo de mortalidad.(9%).
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Está bien demostrado que la patogenia autoinmune de la miastenia grave
está mediada por inmunidad humoral,
específicamente por anticuerpos circulantes frente al receptor de acetilcolina
( anticuerpos antireceptor de acetilcolina ( AcRAch ) ). El valor patogénico de
estos anticuerpos, presentes en el 80 - 90% de pacientes, se ha demostrado
mediante diversos experimentos como son que es posible provocar síntomas
miasténicos en animales a los que se inocula IgG purificada procedente de pacientes
con miastenia grave y que la inmunización de animales con RAch
purificados de otra especie desencadena no solo una respuesta de AcRAch sino
miastenia grave experimental.
La pérdida de receptores nicotínicos
de acetilcolina (RAch) postsnápticos de la unión neuromuscular es la que causa
la debilidad muscular y la fatigabilidad que presentan los pacientes miasténicos.
Una serie de experimentos han demostrado que los AcRAch producen la pérdida de
los RAch mediante tres mecanismos básicos: endocitosis, degradación por fijación
de complemento y bloqueo funcional.
La frecuente afectación de la glándula tímica, sugiere la existencia de antígenos
compartidos por las células del
timo y los receptores de acetilcolina.
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En la placa motora, y en estudios ultrastructurales, se
observan alteraciones en los pliegues y en las hendiduras sinápticas. Usando
alfabungarotoxina marcada se comprueba una pérdida de receptores de
acetilcolina, y con técnicas inmunohistoquímicas, existencia de IgG y
complemento en la membrana postsináptica. En el músculo esquelético en
ocasiones existen agregados perivasculares de linfocitos (linforragias).
Timo: Alrededor
del 65% de los
pacientes tiene hiperplasia tímica. En el 15% de los casos existe un tumor tímico,
timoma, en su mayoría benigno y afectando a varones en un 60% de casos. La
miastenia asociada a tumor tímico (benigno o maligno) es excepcional antes de
los 30 años.
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El diagnóstico de miastenia grave
se confirma mediante
la práctica de diferentes pruebas: administración de fármacos
anticolinesterásicos, estudio electrofisiológico y determinación en el suero de los AcRAch.
La prueba del edrofonio ( Tensilón® ),
consiste en la administración de 2 mg por vía intravenosa y, en caso de que no
exista reacción de hipersensibilidad, 8 mg más en los siguientes
30 seg. Debe
producirse una mejoría franca de la debilidad muscular en 0,5-1 min., volviendo
a las condiciones basales a los 4-5 min. Antes de iniciar el test se debe
establecer el músculo en el que se va a objetivar la mejoría ( elevador del párpado,
recto externo.. ). En ocasiones la prueba es falsamente negativa y, en casos excepcionales,
falsamente positiva. Debe desconfiarse
de las mejorías
"subjetivas" tras la práctica de la prueba. En ocasiones, su práctica
puede ir seguida de bradicardia, náuseas, dolores abdominales y
vómitos,
debidos todos ellos al efecto muscarínico. Si éstos aparecen, puede ser
necesaria la administración de atropina.
El estudio electromiográfico es
también de ayuda en el diagnóstico de la enfermedad. Con la estimulación repetitiva
se observa un decremento progresivo en la amplitud de los potenciales evocados (sensibilidad del 77%). Este estudio puede
ser negativo cuando la
enfermedad se limita a la musculatura ocular. Utilizando la electromiografía de
fibra única, se puede detectar un aumento del jitter o intervalo
interpotencial entre fibras musculares que pertenecen a una misma unidad motora (sensibilidad del 92%).
La determinación de AcRAch si es
positiva confirma el diagnóstico de miastenia grave. El 85% de los pacientes con MG generalizada y el 50 % de los
pacientes con miastenia ocular presenta positividad de dichos anticuerpos. La relación entre
la clínica y los títulos
de AcRAch es válida de forma individual. Así, un paciente en remisión clínica
que ha negativizado los anticuerpos es muy poco probable que presente recaída
de la enfermedad, mientras que un paciente en remisión clínica pero con
anticuerpos positivos es probable que la presente. Aunque globalmente no existe
una estrecha correlación entre los títulos de estos anticuerpos y la gravedad
de la enfermedad, a nivel individual constituyen un buen marcador del tratamiento ya que los títulos disminuyen con el
tratamiento inmunosupresor.
La existencia de timoma se debe
descartar con la tomografía computarizada (TC) o la Resonancia Magnética (RNM)
torácica que son las técnicas de elección.
El diagnóstico diferencial debe
establecerse con los estados de fatiga emocional y la debilidad muscular histérica o simulada,
así como con la distrofia oculofaríngea, las miopatías
mitocondriales, las parálisis agudas motoras oculares, como el botulismo, la
polineuropatía aguda que afecta los pares craneales y la encefalopatía de
Wernicke. La polimiositis puede recordar en algún momento a la miastenia grave,
aunque no cursa con afectación ocular.
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En el tratamiento de la miastenia
grave se deben
considerar dos aspectos terapéuticos diferentes, el tratamiento sintomático y el tratamiento inmunomodulador.
El primero se refiere a las medidas farmacológicas
utilizadas para tratar los síntomas del paciente, pero que no actúan sobre la enfermedad
en sí (anticolinesterásicos), y el segundo a la utilización de tratamiento específico
de la enfermedad (timectomía,
glucocorticoi des, inmunodepresores ). La plasmaféresis o el tratamiento con
inmunoglobulinas endovenosas debe considerarse como unas técnicas
terapéuticas para situaciones
transitorias, generalmente graves.
Determinados fármacos pueden
agravar los cuadros miasténicos y por lo tanto, deben evitarse en estos
pacientes. Así sucede con algunos antimicrobianos, como aminoglucósidos y eritromicina,
sales de litio y de
magnesio, quinina, procainamida, bloqueadores
beta, penicilamina y, probablemente, con otros fármacos como las quinolonas (ciprofloxacino).
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Los fármacos anticolinesterásicos deben emplearse siempre, dada su gran efectividad
y escasa toxicidad. Son muy útiles
para controlar síntomas, pero administrados solos, únicamente consiguen remisiones en formas poco graves de miastenia y en las formas oculares.
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| Fármacos anticolinesterásicos |
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Los fármacos anticolinesterásicos más empleados son la
neostigmina y la piridostigmina. Debe emplearse uno u otro, pero no asociaciones
de ambos, ya que no se consiguen mejores resultados.
Es difícil establecer las dosis
óptimas, que se deben modificar de acuerdo al control de los
síntomas. En los
casos de intensidad moderada, puede iniciarse el tratamiento con 30 mg de neostigmina
o 120 mg de piridostigmina 3 veces al día. Si no se consiguen los
efectos terapéuticos deseados, puede aumentarse la dosis de cada toma. Si se
utiliza la vía intramuscular, la dosis total debe ser la décima parte de la
que recibía por vía oral, y si la administración es intravenosa, debe reducirse
30 veces. La mayoría de los pacientes puede estabilizarse con la
utilización adecuada de los fármacos anticolinesterásicos e incluso existe un
porcentaje, que oscila entre el 15 y el 20%, que puede presentar una remisión espontánea.
Cuando la evolución del paciente
con fármacos anticolinesterásicos y timectomía no es correcta o se trata de
pacientes mayores de 60 años no sometidos a timectomía y tratados sólo con
anticolinesterásicos y que no evolucionan bien, se debe efectuar tratamiento
inmunosupresor, inicialmente con glucocorticoides.
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| Crisis miasténica y crisis colinérgica |
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Las crisis miasténicas son raras en los enfermos bien
tratados. En caso de que se presente una crisis miasténica es imprescindible la
administración intramuscular de neostigmina y, en los raros casos difícilmente
controlables, la práctica de plasmaféresis. En ocasiones puede ser necesario
mantener la función respiratoria con intubación traqueal y ventilación
asistida.
Puede ocurrir, aunque es
extremadamente infrecuente que los pacientes tratados con fármacos
anticolinesterásicos presenten efectos colinérgicos de tipo vómitos, sudación,
hipersalivación, lagrimeo, miosis y palidez. En casos graves aparecen
bradicardia, hipotensión, confusión y coma. Para evitar estos efectos es
aconsejable la utilización conjunta de atropina (0,3-0,6 mg).
Timectomía. El tratamiento quirúrgico está indicado en los
pacientes en los que se ha podido demostrar la existencia de timoma. Asimismo,
la timectomía es la segunda medida que se ha de tomar en los individuos entre
14 y 60 años antes de emplear corticoides o inmunosupresores. La
timectomía
ofrece una mejoría clínica en alrededor del 70% de enfermos. La timectomía
debe ser "máxima" con un abordaje transcervical-transesternal.
Aunque en cualquier paciente con
miastenia grave generalizada puede considerarse la timectomía, no parece indicada
en las formas oculares puras, en adolescentes o en ancianos.
La inducción anestésica no
requiere cuidados especiales, aunque es preferible usar relajantes musculares.
Si los pacientes además recibían tratamiento con prednisona antes de la
intervención, deben administrarse dosis equivalentes por vía parenteral.
Tras la intervención quirúrgica
debe reiniciarse el tratamiento con piridostigmina.
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| Tratamiento inmunosupresor |
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La prednisona a dosis de 1 mg/kg./día
es el primer fármaco inmunomodulador de elección. A los tres meses del inicio y según
la evolución del paciente, estas dosis se disminuyen de forma progresiva hasta
pasar a administrar el fármaco en días alternos. El tratamiento, a días
alternos y en la menor dosis posible, debe ser mantenido por un período
prolongado.
Algunos autores prefieren el
empleo inicial de un tratamiento en días alternos con el objeto de evitar los
efectos inhibidores que los glucocorticoides ejercen sobre el funcionamiento del
eje hipotalamohipofisario. En estos casos, las dosis de inicio pueden ser de 100
mg de prednisona en días alternos, para ir descendiendo de forma progresiva la
dosis a medida que mejora la enfermedad.
Aunque no se sabe el
tiempo que
debe mantenerse el tratamiento antes de considerar que es un fracaso terapéutico,
se aconseja administrarlo durante 3 meses a dosis
completas. El mecanismo de
acción de la prednisona en la miastenia grave es desconocido, aunque se ha
relacionado con su efecto inmunodepresor. De hecho, se detecta una disminución
progresiva de los anticuerpos antireceptor de acetilcolina,
cuando se
monitorizan los niveles plasmáticos de los pacientes.
No se ha demostrado
que los fármacos
que provocan una inmunodepresión más selectiva, como la ciclofosfamida, el
metotrexato o la azatioprina, consigan mejores efectos que la prednisona, como fármaco
inicial. Sin embargo, la azatioprina, asociada a la prednisona o sola
puede ser muy eficaz en el control de la miastenia generalizada. La dosis
recomendada es de 2 - 3 mg./Kg./día. Sus efectos terapéuticos
tardan de 3 a 6
meses, debiendo monitorizarse la función hepática y hematopoyética
inicialmente. Con ciclosporina A se han conseguido remisiones clínicas
incluso en pacientes con fracaso terapéutico con otras opciones. La dosis que se
emplea es generalmente de 5 mg/kg/día, monitorizando su concentración plasmática y la función renal. Las dosis pueden aumentar o
disminuir en función de la respuesta clínica. Se puede emplear gammaglobulina humana endovenosa
a dosis elevadas en pacientes con cuadros clínicos de gravedad. Este
tratamiento produce respuestas clínicas transitorias, por lo que no debe
plantearse su utilización más que en situaciones críticas. La plasmaféresis debe reservarse
para las crisis miasténicas, para los casos graves y con falta
de respuesta al tratamiento convencional y, en ocasiones, como terapéutica
previa a la timectomía.
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Dra. Isabel Illa Sendra.
Servicio de Neurología. Sección Patología Neuromuscular.
Profesora de Neurología. Universidad Autónoma de Barcelona
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