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En este apartado se
agrupan enfermedades musculares, la mayoría de ellas hereditarias, con un
curso escasa o lentamente progresivo. Clínicamente, pueden presentarse de manera similar, en forma
de hipotonía neonatal o con una debilidad muscular generalmente proximal
que afecta a la cintura escapular y pelviana, aunque en otras ocasiones
es generalizada. Algunas enfermedades, especialmente la miopatía
nemalínica, presentan rasgos dismórficos asociados de intensidad variable. A
pesar de estos datos comunes, cabe resaltar que, ocasionalmente, no son congénitas
(desde el punto de vista clínico) y, a veces, pueden ser muy graves,
ocasionando la muerte del paciente en los primeros meses de vida. Desde un punto
de vista morfológico, cada una de ellas presenta unas características
estructurales particulares, si
bien en todas ellas suele existir un predominio y
una atrofia de fibras de tipo I.
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| Enfermedad de los
cuerpos centrales (Central Core) |
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Es la más frecuente de las miopatías congénitas benignas. Se trasmite con
un patrón de herencia autosómico dominante. El gen responsable de la enfermedad
se ha localizado en el cromosoma 19q13.1. En esta misma región se
localiza uno de los genes responsables de la hipertermia maligna, lo que explica
la mayor incidencia de este trastorno en los pacientes afectos de enfermedad
por cuerpos centrales.
Los cuerpos centrales (cores)
son zonas cilíndricas situadas en el centro (aunque también pueden estar en la
periferia) de las fibras musculares en las que no existen mitocondrias, por lo
que se detectan fácilmente cuando se utilizan marcadores de la actividad
oxidativa tales como el NADH, la SDH o COX (Fig. 45). Aunque de forma menos
llamativa, también son visibles con el tricrómico de Gomori. En los cortes
transversales, estas estructuras pueden ser únicas y estar situadas en el
centro, o bien múltiples. Utilizando una técnica de ATPasa, éstos cuerpos pueden manifestarse o no.
En los llamados cuerpos estructurados se conserva la
actividad ATPasa, puesto que la estructura de los sarcómeros se conserva,
aunque existe una cierta pérdida de la correspondencia o desplazamiento de las
líneas Z, que adoptan una estructura en zig-zag. Por el contrario, en los
cuerpos no estructurados existe una completa desorganización del patrón
miofibrilar, con total destrucción de las
bandas, por lo que se pierde la
actividad ATPasa. Los cuerpos centrales aparecen en las fibras de tipo I. Junto
a estas alteraciones, suele existir un predominio de fibras de tipo I que en
algunos casos puede afectar al 100% de las fibras.
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Miopatía por múltiples
cuerpos, Minicore o Multicore
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En la miopatía por múltiples
cuerpos, minicore o multicore existen múltiples
áreas con baja densidad de mitocondrias que aparecen como zonas sin actividad
oxidativa, aunque mucho peor delimitadas que en la enfermedad anterior. Es
habitual el predominio y atrofia de fibras de tipo I, así como la afectación selectiva de este tipo de fibras, aunque pueden también verse afectadas las
fibras de tipo II.
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Puede presentarse en el período neonatal o en
la primera infancia, aunque también
existen formas del adulto. Existen formas con herencia autosómica dominante y otras recesiva. Es característica la
presencia de unos bastones, de 1-5 mm de
longitud, que parecen derivar de proteínas asociadas a las bandas Z, principalmente
a actinina. Con microscopía óptica, los bastones son fácilmente
reconocibles en posición subsarcolémica cuando se utiliza una tinción de
tricrómico de Gomori, o bien mediante una técnica de inmunohistoquímica
utilizando anticuerpos anti-a -actinina. Suele existir, además, un predominio y
atrofia de las fibras de tipo I. Pueden encontrarse estructuras similares a los
bastones en otras enfermedades musculares como distrofias musculares, miopatías inflamatorias,
denervaciones, así como en una forma de miopatía que se
presenta en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana.
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Miopatía Miotubular (Centronuclear)
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Existen tres formas clínicas: una forma neonatal, con herencia ligada al sexo
(Xq28), que conlleva una alta mortalidad por insuficiencia respiratoria; una
forma infantil, con herencia autosómica dominante o recesiva, y una forma
adulta, esporádica, o de herencia autosómica dominante. Tal como sugiere el
nombre, existe una elevada incidencia de núcleos en posición central, muchos
de ellos con aspecto semejante a los miotubos que aparecen durante
el desarrollo.
Mediante técnicas de inmunohistoquímica se ha demostrado una persistencia de proteínas fetales del
citoesqueleto, tales como desmina y vimentina, que mantienen el núcleo en posición central, lo que sugiere una inmadurez o una
detención del proceso de miogénesis como origen de la enfermedad. Existe un
marcado predominio y atrofia de las fibras de tipo I.
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| Desproporción
Congénita del tamaño de las Fibras |
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Suele presentarse como una hipotonía neonatal y, en la mitad de los casos,
existen contracturas articulares, a veces en forma de artrogriposis múltiple.
El patrón de herencia no es bien conocido, aunque se han descrito familias con
patrón autosómico recesivo y otras con patrón autosómico dominante. Existe
un predominio de las fibras de tipo I, de diámetro normal o discretamente reducido, y una hipertofia de las fibras
de tipo II, especialmente IIb. La
diferencia de los diámetros medios de las fibras de tipo I y II es superior al
12%.
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| Citopatías
Mitocondriales |
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Bajo este nombre se conoce un grupo heterogéneo y complejo de enfermedades que
pueden afectar a distintos tejidos, además del músculo esquelético y que, en
general, vienen definidas por alteraciones morfológicas y funcionales en las
mitocondrias del músculo, del sistema nervioso central o de ambos tejidos. El
diagnóstico de este grupo de enfermedades se basa en el conjunto de datos clínicos,
alteraciones analíticas, alteraciones histopatológicas y
patrones de herencia.
Los datos clínicos que pueden hacer sospechar una enfermedad mitocondrial son muy diversos
e incluyen retraso en el desarrollo psicomotor, desaceleración en
el crecimiento del perímetro craneal, baja estatura, convulsiones, ataxia,
hipoventilación central, episodios stroke-like, sordera neurosensorial,
oftalmoplegia y ptosis, retinitis pigmentaria con o sin atrofia óptica, debilidad muscular, intolerancia al
ejercicio, cardiomiopatía y trastornos del sistema de conducción cardíaco,
neuropatía, hepatopatía, nefropatía, lipomas múltiples, diabetes mellitus y trastornos neuropsiquiátricos. Si bien
ninguno de estos datos clínicos es específico por sí mismo, la
combinación
de algunos puede hacer sospechar una enfermedad mitocondrial.
Son características las
alteraciones histopatológicas en el músculo. Sin embargo, una biopsia muscular
normal no excluye el diagnóstico. La alteración morfológica más característica
es la presencia de fibras "rojo-rotas" (ragged-red) en el músculo esquelético, si
bien no se encuentran en todas las enfermedades mitocondriales. Estas fibras se ponen de manifiesto con la tinción de tricrómico
modificado de Gomori, que muestra la región subsarcolémica teñida de rojo, así como con
marcadores de la actividad oxidativa mitocondrial como la succinodeshidrogenasa que pone
de manifiesto el aumento de actividad oxidativa, también en disposición
subsarcolémica, y cambios variables en el patrón miofibrilar. Además
de la SDH, estos cambios pueden observarse con la tinción de NADH, y con la citocromo
oxidasa, permitiendo además éste último marcador, poner de manifiesto en
algunos casos, defectos en este complejo de la cadena respiratoria
mitocondrial. Los cambios observados con microscopia electrónica incluyen:
1) aumento del número de mitocondrias de características normales (miopatía
pleoconial).
2) aumento de tamaño de las mitocondrias, con disposición irregular, a veces
en grupos o interpuestas entre otras de tamaño normal (miopatía megaconial).
3) aumento de las crestas y distorsión de las mismas.
4) inclusiones paracristalinas u osmofílicas en las mitocondrias. Otras
alteraciones que aparecen con frecuencia son el aumento de glucógeno libre, así
como la presencia de vacuolas lipídicas, ésta última de forma especialmente
llamativa en las denominadas miopatías lipídicas tales como las alteraciones
de la beta-oxidación de los ácidos grasos.
Tal como se ha mencionado
anteriormente, estas alteraciones morfológicas no son específicas ni
suficientes para establecer el diagnóstico de una enfermedad mitocondrial. La
presencia de fibras "rojo-rotas" junto a las alteraciones ultraestructurales
mencionadas suelen aparecer en alteraciones de la cadena respiratoria
mitocondrial, o del acoplamiento oxidación-fosforilación, pero no en alteraciones
en las que existe una anomalía en la utilización de los
sustratos, como el déficit de carnitin-palmitoil-transferasa. Por otra parte, pueden
aparecer alteraciones mitocondriales como las descritas (tanto con
microscopia óptica como electrónica) en enfermedades tan diversas como distrofias
musculares, miopatía facio-escápulo-humeral, polimiositis,
dermatomiositis, miositis por cuerpos de inclusión, atrofia por denervación, y
déficit de maltasa ácida del adulto. De nuevo, el conjunto de datos clínicos,
junto a las alteraciones en las pruebas analíticas, estudios bioquímicos
(cadena respiratoria mitocondrial y oxidación de los ácidos grasos) así como
el estudio genético, permiten establecer el diagnóstico.
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Son un grupo de enfermedades
en las que existe un acúmulo anormal de glucógeno en distintos órganos y tejidos como consecuencia de un déficit
enzimático en algún punto de su
metabolismo intracelular. Se dividen en glucogenosis hepáticas y musculares
según se altere el metabolismo hepático o muscular del glucógeno.
En la glucogenosis de tipo II existe un déficit de maltasa ácida o a -1,4-1,6-glucosidasa. Es
la única
glucogenosis lisosomal. Existen tres formas: infantil, juvenil y adulta. La
primera, denominada enfermedad de Pompe, se presenta en los primeros meses de
vida con hipotonía, debilidad muscular e insuficiencia respiratoria rápidamente
progresiva que conduce a la muerte prematura del paciente. Existe depósito de
glucógeno prácticamente en todos los tejidos, especialmente en el corazón, el
cerebro y el músculo. En la forma juvenil y adulta la afectación se limita
prácticamente
al músculo estriado y suele presentarse como una debilidad de cinturas
semejando una distrofia muscular o una polimiositis. En las formas adultas existe
a veces una afectación selectiva o predominante en la musculatura
respiratoria, por lo que no es raro que se presente en forma de insuficiencia
respiratoria. Morfológicamente, en las formas infantiles existe una miopatía
vacuolar muy severa, con depósitos que se tiñen con fosfatasa ácida como
marcador lisosómico no específico así como con la tinción de PAS. En las
formas juvenil y adulta, las alteraciones son mucho menos llamativas y consisten
en la presencia de vacuolas que en ocasiones afectan únicamente a un escaso número
de fibras musculares, así como degeneración granular basófila de algunas
fibras. Ultraestructuralmente, el dato común a las tres formas y exclusivo de
este tipo de glucogenosis es la presencia de acúmulos de glucógeno en el
interior de lisosomas, puesto que la maltasa ácida es una enzima lisosomal. Asimismo,
también puede existir un aumento de glucógeno libre, además de cuerpos residuales y
alteraciones mitocondriales.
La glucogenosis de tipo III
(enfermedad de Forbes-Cori) es debida a un déficit de la enzima desramificante
(amilo-1-6-glucosidasa). Existen dos formas clínicas: hepática y muscular. Las
formas musculares se presentan en pacientes adultos, algunos de los cuales
tienen antecedentes de disfunción hepática en la infancia. Existe debilidad
muscular y atrofia progresiva en músculos distales, intolerancia al ejercicio
y, excepcionalmente, episodios de mioglobinuria. En la mitad de los pacientes
existe una miocardiopatía. Las alteraciones morfológicas en el músculo esquelético
consisten en la presencia de
vacuolas que contienen glucógeno.
Ultraestructuralmente, se observan acúmulos de glucógeno libre entre las
miofibrillas.. En la glucogenosis de tipo IV (enfermedad de Andersen) existe un
déficit de la enzima ramificante. Es una enfermedad rara que suele presentarse en
los niños en forma de cirrosis hepática y afectación muscular, a menudo enmascarada
por la enfermedad hepática. Existen formas juveniles, más benignas, que cursan con una debilidad muscular
lentamente progresiva. El
aspecto morfológico más característico en el músculo esquelético son los acúmulos
de glucógeno de aspecto normal, o formando estructuras filamentosas y
granulares. Finalmente, en las glucogenosis de tipo V y VII, las alteraciones
morfológicas son similares y consisten en la presencia de
acúmulos PAS
positivos por debajo de la membrana. Clínicamente suelen manifestarse como una
intolerancia al ejercicio, calambres y mioglobinuria. El déficit de miofosforilasa
(glucogenosis de tipo V, enfermedad de McArdle) así como el déficit
de fosfofructocinasa (glucogenosis de tipo VII) se pueden poner de manifiesto mediante una reacción histoquímica específica para cada una de ellas,
incubando siempre las muestras con músculos de pacientes control. La demostración
del defecto enzimático en el resto de glucogenosis debe realizarse mediante
determinaciones bioquímicas. Ultraestructuralmente, el dato más llamativo en
las glucogenosis no lisosomales es la presencia de acúmulos de glucógeno libre
entre las miofibrillas.
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